El monolito que representa el punto de inicio de la red de rutas construidas desde el puerto de Buenos Aires hacia diversas partes del país.

Las rutas que avanzan hacia la Patagonia, la región de Cuyo, el Litoral y/o el Norte Argentino tienen un punto de partida simbólico: un pequeño monumento que se encuentra a la vera de la avenida Rivadavia, la más larga del mundo, que se continúa en la ruta nacional 7 y termina en el límite con Chile, el Kilómetro Cero.

Ahí se erige una obra diseñada y construida por los hermanos escultores Máximo y José Fioravanti, que permitieron su instalación en un espacio público, el 5 de octubre de 1935, instituido una década antes como el Día del Camino.

Se inauguró sobre la plaza Lorea, donde convergen la avenida de Mayo y la Rivadavia

Casi inadvertida para el turismo, la pequeña escultura tiene cuatro caras, decoradas con imágenes y placas históricas, que están direccionadas hacia los cuatro puntos cardinales.

Aunque el paso del tiempo la deterioró, originalmente tenía:

Una imagen de Nuestra Señora de Luján, patrona de la red vial nacional, en su cara norte.
Un mapa en relieve de Argentina, en su cara sur.
Una placa en honor a San Martín, en su cara oeste.
Una placa con la fecha del decreto que impulsó la creación del monolito, en su cara este.
Pero el 18 de mayo de 1944 se la trasladó a la Plaza Mariano Moreno, sobre Virrey Cevallos entre Rivadavia e Hipólito Yrigoyen), vecina a la Plaza de los dos Congresos, frente al cine Gaumont, donde permanece desde entonces.