En los últimos años, las cafeterías de especialidad se han multiplicado en barrios tradicionales de la Ciudad de Buenos Aires como Caballito, Villa Urquiza y Almagro. Lo que antes era un circuito exclusivo de Palermo o Recoleta, hoy se descentraliza con propuestas más accesibles pero igual de cuidadas.

Los vecinos celebran la llegada de estos espacios que combinan café de alta calidad, diseño moderno y una experiencia relajada. Muchos jóvenes eligen trabajar desde allí, aprovechando el wifi libre y el ambiente tranquilo que ofrecen.

Además del espresso perfecto o el flat white bien preparado, los locales suelen sumar opciones veganas, brunchs y productos de pastelería artesanal. El fenómeno refleja un cambio de hábitos en el consumo urbano: menos apuro, más disfrute.