El fotógrafo recibió un proyectil en la cabeza durante la marcha del 12 de marzo. El CELS presentó un informe forense que califica las lesiones como “gravísimas” y pidió la indagatoria del cabo Héctor Guerrero.


Pablo Grillo fue dado de alta del Hospital Ramos Mejía y trasladado al Instituto de Rehabilitación Manuel Rocca, tras haber permanecido internado por un disparo de gas lacrimógeno recibido en la cabeza durante la marcha de los jubilados. El informe del Cuerpo Médico Forense, entregado a la Justicia por el CELS, concluyó que las lesiones “pusieron en peligro su vida” y fueron consecuencia directa del impacto a alta velocidad del proyectil disparado por el cabo Héctor Guerrero, de Gendarmería Nacional.

Agustina Lloret, abogada del CELS, explicó que el informe confirma que las lesiones son “graves y gravísimas” y que el disparo generó un riesgo “cierto y serio de vida”. Además, destacó que el proceso de rehabilitación permitirá evaluar posibles secuelas neurológicas o físicas permanentes. El análisis fue realizado tras entrevistas médicas e inspecciones clínicas directas a Grillo mientras estaba en terapia intensiva.

El CELS reclamó formalmente la indagatoria de Guerrero, apoyado en pruebas ya incorporadas, incluyendo videos oficiales donde se lo ve disparando en ángulo horizontal hacia manifestantes, “cuatro minutos antes del impacto” que hirió a Grillo. También se mencionó la existencia de registros donde otro gendarme “celebra” el disparo. El análisis de las filmaciones está en manos de la Policía de Seguridad Aeroportuaria.