Argentina vive un momento de movilidad intensa: en 2024 más de 1,8 millones de extranjeros obtuvieron radicación temporaria o permanente, aunque esto representa una baja de casi un 16 % respecto al año anterior. Al mismo tiempo, el flujo de argentinos al exterior creció de forma notable, con aumentos interanuales superiores al 70 % en viajes y una erosión sostenida del saldo migratorio nacional.

Este fenómeno tiene dos caras. Por un lado, la llegada de inmigrantes refleja la atracción que aún ejerce el país en la región, con más de 1,9 millones de residentes nacidos en el extranjero, que implican cerca del 4,2 % de la población. La mayoría proviene de Paraguay, Bolivia, Venezuela, Perú y Chile, concentrándose en mayor medida en Buenos Aires y alrededores.

Del otro lado, la alta salida de argentinos, especialmente jóvenes y profesionales, ha convertido a destinos como España –con más de 415 mil residentes argentinos– y Estados Unidos –con casi 150 mil– en las principales opciones para quienes buscan nuevas oportunidades. En lo que va de 2025, el promedio mensual de residentes que emigran se mantiene alto, con cerca de mil egresos diarios.

La migración estudiantil y profesional se destaca: en 2024 uno de cada tres postulantes al examen de residencias médicas era extranjero, procedente en su mayoría de países vecinos. Esto refleja el prestigio y la demanda de la formación profesional argentina, aunque también evidencia una salida significativa de capital humano local hacia otras latitudes.

Los motivos detrás de estas corrientes son múltiples. En el flujo inmigratorio, se citan oportunidades laborales, la calidad educativa y los lazos culturales dentro de la región. En cambio, la emigración de argentinos responde mayoritariamente a factores económicos: búsqueda de estabilidad financiera, escape de la inflación y mejora del nivel de vida.

A futuro, el desafío para Argentina será equilibrar estos movimientos. Para ello resulta clave consolidar políticas de inclusión migratoria, fortalecer la infraestructura de recepción (vivienda, salud, empleo) y revertir la fuga de talentos, a partir de incentivos, condiciones laborales atractivas y vínculos con diásporas profesionales.